MALVINAS: LA RECUPERACIÓN EXIGE ENFRENTAR A INGLATERRA PERO TAMBIÉN A EE.UU.
*Por Fernando Vilardo y Luis Zamora, integrantes de Autodeterminación y Libertad

El reciente anuncio en cadena nacional de Milei referido a Malvinas no fue un giro en su política, fue la coherencia de un gobierno entregado al proyecto imperialista de Trump. Milei se ha mostrado tal cual es: un títere del presidente norteamericano que utiliza al gobierno libertario, y ahora también el histórico reclamo por Malvinas, para profundizar la penetración yanqui en Argentina y América Latina.
Nada de esto puede interpretarse sin partir de la disputa feroz entre EEUU y China por la hegemonía global y la apropiación concreta de bienes y mercados tanto en el mundo como en la región. Una disputa que a esta altura ya nadie puede descartar que termine en un enfrentamiento militar en el futuro. Tal como surge del documento de Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre del año pasado, el foco del imperialismo norteamericano está puesto en América Latina y en contrarrestar la injerencia de China en el Hemisferio. Una reedición de la “Doctrina Monroe” con el objetivo de incrementar el control político, militar y económico por parte de EEUU. Solo que lejos de aquel contexto de crecimiento y expansión imperial, esta nueva versión representa una política defensiva para contener su propia declinación como potencia hegemónica y las consecuencias de sus derrotas estratégicas de los últimos tiempos, de las que la más significativa resalta su fracasada agresión en Irán. Esto explica, entre otras medidas, los intentos de Trump por recuperar el control del Canal de Panamá -uno de los países de Centroamérica donde la penetración de capitales chinos ha sido la más significativa en los últimos años-, la invasión y el posterior secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela para quedarse con el petróleo del pueblo venezolano, su amenaza de anexión a Groenlandia y el reforzamiento del bloqueo a Cuba junto a las constantes amenazas de invasión que se hicieron públicas en el último tiempo. Y sus objetivos de controlar el Estrecho de Magallanes, tanto por ser uno de los pocos pasos interoceánicos del Hemisferio como un punto estratégico debido a su cercanía con la Antártida. Es con este interés yanqui que Milei mostró su incondicional alineamiento al autorizar la construcción conjunta con EE.UU. de la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego. Todo esto muestra la fuerte ofensiva imperialista por recuperar influencia y control en la región.
A su vez, esa misma decadencia como potencia hegemónica -amenazada cada vez más por el ascenso de China-, tensiona las relaciones al interior de la OTAN y acelera las disputas entre EE.UU. y las principales potencias europeas. El desorden global se agudiza. La manera de resolver las disputas entre las clases dominantes a través de guerras y masacres se vuelve cada vez más recurrente. En este marco, Trump presiona a Gran Bretaña, como a toda Europa, a aumentar la inversión en armamento. No exige presupuesto en salud, educación, vivienda y trabajo. Reclama a las potencias europeas mayor desarrollo armamentístico precisamente a costa de ajustar esos presupuestos, lo que en parte ya están haciendo. En su disputa global con China, auspicia y estimula con toda su habitual prepotencia un mundo de guerras y destrucción. Como indignante muestra de ese mundo allí están las masacres en Ucrania a manos de la OTAN, por un lado, y la Rusia de Putin por el otro, como el genocidio de Israel en Gaza y sus matanzas periódicas en el Líbano y en Cisjordania. Uno de los objetivos de la reciente declaración de Trump sobre la posibilidad de “revisar” su postura respecto a Malvinas, es el de seguir chantajeando a Gran Bretaña en su disputa por imponer sus propios intereses, sobre todo luego de que el ex primer ministro Keir Starmer le negara usar bases aéreas británicas para atacar a Irán y la reticencia del usurpador inglés a aumentar el presupuesto militar aún más de lo que ya lo hizo.
De esta forma, Milei aprovecha esta coyuntura y pretende mostrarse como subiéndose al carro “soberanista” por Malvinas, nada menos, luego de haber reivindicado a la criminal de guerra Thatcher y reconocer el “derecho a la autodeterminación” de los Kelpers. Pero sus recientes anuncios no sólo evidencian el “oportunismo” de utilizar de forma inescrupulosa -en un contexto de creciente malestar social- el reclamo legítimo e histórico del pueblo argentino contra la usurpación británica, sino que lo fundamental y de fondo es que expresa su incondicional alineamiento con la política imperialista estadounidense en la región. Milei quiere mostrarse ante el amo Trump como un fiel garante de su renovada “doctrina Monroe”. Al servicio de esos intereses están los RIGIs votados en el Congreso y toda la política de saqueo, extractivismo y ajuste que promueve el FMI.
Una agenda que Milei no solo aplica en el país, sino que tutelado por Trump proyecta a la región mediante alianzas con otros gobiernos ultrareaccionarios y proimperialistas. En este sentido el gobierno de Argentina acaba de firmar con los gobiernos de Chile, Perú y Bolivia un acuerdo de acción común como proveedores de minerales críticos que tiende a favorecer las urgentes necesidades de EE.UU. en la materia frente al dominio que hoy tiene China respecto de esos minerales estratégicos. No es casual que los cuatro países son parte del llamado “Escudo de las Américas”, liderado por el gobierno de Trump y parte de su política imperialista de “Seguridad Nacional”. Todo un proyecto regional que frente a la disputa por la hegemonía global de ambas potencias -contraria a los intereses de los pueblos del mundo- lejos está de priorizar los intereses del país, de la región y de un planeta agredidos por el extractivismo y sus consecuencias irreparables al medio ambiente.
En consecuencia, y en ese marco, lo de Milei no es meramente “oportunismo” sino que está al servicio del poder económico transnacional -especialmente norteamericano. Y como tal seguirá trayendo más luchas y resistencias obreras y populares. Por eso también apuesta a reforzar sus políticas represivas, una orientación claramente en línea con lo dictado por Marco Rubio en aquella cumbre realizada en Washington donde participó el Canciller Quirno, y que según algunos documentos filtrados se conminaba a considerar “amenaza terrorista” a “comunistas, marxistas, anarquistas, anticapitalistas, ecoextremistas y aquellos con ideologías antifascistas”. Ahora Milei acaba de anunciar, como aplicación de esa orientación imperial, y simultáneamente con su pretendida cobertura “malvinera”, la creación del Consejo Nacional de Seguridad, junto con la entrega de decenas de miles de millones de pesos para la SIDE, y la utilización de un discurso donde se vuelve a hablar de “Seguridad nacional” y “defensa de la soberanía” tal como lo hiciera la última dictadura genocida. El objetivo es controlar, hacer inteligencia y reprimir las luchas y organizaciones de los trabajadores y el pueblo que enfrentan y enfrentarán crecientemente su política de ajuste. Todo a pedido de Trump.
Frente a este proyecto de país (y de mundo) cada vez más desigual, destructivo y al servicio del poder económico concentrado, la dirigencia del PJ se limita a denunciar el “giro” oportunista de Milei para intentar salir de su propia crisis y empezar a ubicarse electoralmente. Pero no dice ni una palabra de la profundización colonialista en la injerencia yanqui que implica ni de la necesidad alternativa de enfrentarla, rompiendo con todos estos proyectos antinacionales y antipopulares, rompiendo con el FMI y desconociendo la Deuda Externa. No lo hace porque no tiene ningún proyecto alternativo de país para ofrecerle al pueblo. Mientras tanto la CGT mantiene su pacto con el Gobierno y deja correr todo su plan antiobrero y proimperialista. Nada se puede esperar de la dirigencia.
El pasado 6 de agosto una movilización popular tiró abajo la ley de extranjerización. Una movilización que se construyó desde abajo y que empalmó con un sentimiento profundamente arraigado en el pueblo y que se disparó con aquella bandera levantada por los jugadores de la selección nacional sobre Malvinas. Un sentimiento de rechazo a las políticas injerencistas de las grandes potencias. Aquella movilización mostró también la fuerza que tienen los y las de abajo cuando toman en sus propias manos la defensa de sus intereses. Luchar contra el dominio y saqueo de EEUU en Argentina y en la región es el camino para enfrentar también la usurpación inglesa en Malvinas. Está en manos del pueblo trabajador hacerlo. Aquí y en todo el continente. Por eso, ¡fuera ingleses de Malvinas! ¡Y fuera los yanquis de América Latina!
El próximo 19 de septiembre tenemos una oportunidad para marchar y expresar toda nuestra bronca contra el ajuste, el saqueo del gobierno y toda su política al servicio del imperialismo. Pero también para empezar a construir fuerzas desde abajo. Juntarnos para ir a la marcha con nuestrxs compañerxs pero también para darle continuidad y que no quede solo en una movilización. Que el 19 de septiembre continúe el paso adelante del 6 de agosto. Y que después la sigamos con la tarea de autoorganizarnos en los lugares de trabajo, de estudio y en los barrios en el camino de imponer la huelga general y el plan de lucha que nos permita derrotar el programa de gobierno de Milei, Trump y el FMI y abrirnos paso a la construcción de un proyecto anticapitalista y socialista donde lxs trabajadorxs y el pueblo decidan todo.
