DESPUÉS DE LA MARCHA, QUE LA CLASE TRABAJADORA PROTAGONICE
*Por Fernando Vilardo y Luis Zamora, integrantes de Autodeterminación y Libertad
La movilización del 19 de septiembre pasado fue importante, valiosa, una apuesta para seguir dando pasos en la indispensable tarea de construir fuerzas desde abajo en el objetivo de derrotar el programa de Milei y del FMI, de ajuste al pueblo y de saqueo del país. Las decenas de miles que marchamos en la Ciudad de Buenos Aires y en distintas partes del país compartimos broncas y entusiasmos, y también nos planteamos muchos desafíos por delante.

Fue una movilización que surgió como propuesta del PTS, y que enseguida varias organizaciones políticas, sociales y sindicales, feministas, ambientales, de DDHH y estudiantiles, junto a algunas personalidades de la cultura, tomamos y apostamos a impulsar. Empalmó sin duda con un momento donde el rechazo a las políticas del gobierno proimperialista de Milei viene creciendo. Y la marcha lo reflejó. Además de las propias agrupaciones convocantes, también se sumó un sector de gente suelta, independiente, sea de manera grupal o individual. Mucha juventud. Porque el acierto que tuvo fue intentar darle continuidad a lo hecho el 6 de agosto. En ese momento, en el marco de un clima de ratificación del rechazo a la usurpación inglesa de Malvinas (estimulado por la hinchada y los futbolistas de la selección argentina en el Mundial), una movilización surgida desde abajo y fundamentalmente autoconvocada marchó al Congreso y obligó al gobierno a retirar de su nefasto proyecto de entrega los artículos referidos a la “extranjerización de la tierra” y el “manejo del fuego”, todo al servicio del poder económico, especialmente multinacional, y de un salto en la penetración de EE.UU. en el país y en la región. Un triunfo que necesitaba continuidad. Mucho más ante la enorme defección de la CGT y la mayoría de las conducciones sindicales. Fue importante que en esa Plaza se denunciara al imperialismo y la política criminal de Trump en todo el mundo, el genocidio del pueblo palestino a manos del Estado de Israel, y toda la política de ajuste y saqueo que promueve el FMI y ejecuta el gobierno de Milei junto a la complicidad de la CGT, la CTA y el PJ. Y sobre todo plantear que el camino para derrotar todo ese programa es lograr construir fuerza para la huelga general y un plan de lucha.
Sin embargo, la marcha también expuso los límites y los desafíos que se le plantean al pueblo trabajador; no solo para derrotar el actual programa del gobierno, sino también en esa pelea la de ir construyendo una alternativa obrera y socialista. La posibilidad de efectivamente construir desde abajo la huelga general y un plan de lucha requiere de la autoorganización y coordinación del conjunto de las y los trabajadores para ponerse a la cabeza de todos los reclamos enfrentando a las direcciones burocráticas que lo impiden. Algo que hoy en general falta, y es una tarea fundamental aportar en ese sentido.
En tiempos donde las condiciones de vida se derrumban ante el avance del ajuste, la crisis de representación se profundiza y el régimen político se descompone cada vez más, se redoblan los intentos de las clases dominantes, sus partidos y sus voceros mediáticos, para que no se vea más opción que la de resignarse a volver a esperar más de un año a que surja algo de los desprestigiados y frustrantes senderos electorales (ahora con un largo tiempo de anticipación). El mismo día de la marcha, el gobernador Kicillof daba un ejemplo de ese callejón sin salida del electoralismo, haciendo un acto para lanzar su candidatura con el lema “organizar la esperanza”. Esperanza: esperar.
En ese contexto, la ilusión electoral (aunque mucho más débil) subsiste, en combinación con que no se ve otro camino. Esto a pesar del enorme desprestigio de toda la dirigencia política y del régimen. En todo caso, quien se desengaña tiende a engrosar la creciente legión que opta por la abstención. Y esa ilusión, que se mantiene en sectores numerosos, no debe subestimarse: debe ser combatida, desalentando esas expectativas en salidas electorales. Frente a ellas está la posibilidad de alentar y pelear por que, al contrario, este proceso de desprestigio en curso estimule un camino en el que la mayoría del pueblo decida asumir un resuelto protagonismo con sus luchas y autoorganización. En ese sentido, es un dato de la realidad que esta marcha no surgió desde abajo ni fue resultado de una convocatoria hecha por la clase obrera autoorganizada. Por eso, las y los trabajadores no cumplieron en ella el rol protagónico. Y, aunque esto se sabía, es importante no dejar de señalarlo. Ese rol lo desempeñaron mayoritariamente dirigentes y referentes de distintas fuerzas de izquierda, que fueron vistos entonces como los y las convocantes principales, y como voceros mediáticos de la misma, lo que alentó en un sector importante de participantes que sean vistas como futuras candidaturas, fortaleciendo expectativas electorales. Un sentimiento de alegría colectiva, ante una experiencia movilizadora, donde por momentos se realizaron prácticas grupales embrionarias, pareció contradictoriamente expresar a la salida de la marcha algo que empujaba en un sentido distinto. Allí hay un punto que nos desafía para que esta y otras marchas tengan como principal objetivo hoy que la clase trabajadora, con sus luchas y autoorganización, asuma todo el protagonismo que la dirigencia política y sindical mayoritaria le impide tener en la actualidad.
Es en este punto a partir del cual nos parece importante pensar en la continuidad de futuras acciones. Impulsar tanto en intervenciones públicas como en los lugares de trabajo, en las fábricas, en las oficinas, en las empresas, la necesidad de luchar y en cada pelea ir construyendo desde abajo la huelga general y un plan de lucha. Sabiendo que ese objetivo no se alcanza de la noche a la mañana, pero es una tarea fundamental dar pasos en ese sentido. Nada puede esperarse de la CGT más que nuevas complicidades con el gobierno y con las patronales. Como parte de ese camino es indispensable poner todos los esfuerzos en apoyar las luchas que haya, ayudar a unirlas y a coordinarlas, en las calles pero especialmente junto a la clase trabajadora en el propio lugar de trabajo. Impulsar asambleas en cada lugar donde se pueda, y plenarios de delegados con mandato para discutir cómo continuar.
Es fundamental coordinar también desde abajo en cada sindicato las fuerzas para pelear por recuperarlos de manos de la burocracia, y reemplazarla a ésta por la construcción de ámbitos donde sean los trabajadores y las trabajadoras quienes decidan y dirijan todo. Es una tarea de construcción cotidiana, día a día, y cada movilización, cada documento escrito de cara al conjunto del pueblo, cada intervención pública, tiene que tener como eje principal esa tarea de construcción, esa propuesta, esa necesidad de que sea la propia clase trabajadora la que puede y tiene que tomar en sus propias manos esa tarea, uniendo lo fragmentado, el trabajo registrado con el precarizado y ayudar a que se sumen a ella agrupaciones feministas, ambientales, de jubilados, de la juventud, sociales. Y de unidad con las luchas de otros pueblos, en especial de la región, más cuando la feroz disputa entre China y EE.UU por la hegemonía global y por los mercados, la mayor explotación y opresión del capital, la acumulación de poder de los tecnomagnates y su avanzada monopolización de la tecnología, la inteligencia artificial y el control de datos masivos, las guerras en aumento, el armamentismo generalizado a costa de mayores ajustes a los pueblos, la amenaza capitalista creciente al planeta, la clara decisión yanqui de dominar la región latinoamericana y el saqueo de los bienes comunes con la clara advertencia de defender ese dominio con violencia estatal, el uso militar y la subordinación virreinal de gobiernos como el de Milei. Y poner todo el esfuerzo y apoyo militante, político, programático, organizativo al servicio de ese objetivo de autoemancipación, de clase, ante la humanidad en riesgo por la barbarie capitalista.
Para trazar el camino hacia la huelga general y derrotar el plan de ajuste de Milei, es indispensable que el pueblo trabajador asuma un protagonismo que hoy no tiene. Esto exige superar la trampa de delegar en dirigentes sus decisiones de lucha o ver como principal salida el votar cada dos años. Allí está la continuidad que debe tener la marcha de la Bronca.
